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La zona de noche cobra una nueva vida

La zona de noche cobra una nueva vida

En los últimos años, y de manera creciente, la zona de noche viene desempeñando un papel clave en el hogar, razón de más por la que su estilo debe casar con el del resto de los ámbitos de la casa. 

La funcionalidad coordinada con la estética de la zona de noche, que con frecuencia cada vez mayor se integra sabiamente en el resto de la casa, ha adquirido un rol fundamental en la transformación del modo de habitar los hogares. 

Como he señalado reiteradamente, a veces, los espacios reducidos, si se disponen de forma atractiva, resultan extraordinariamente confortables y elegantes. Gracias a la creciente sensibilización con respecto al diseño y a la amplia gama de posibilidades que los precios “low cost” brindan, hoy día se asiste a una contaminación de las piezas, en las cuales ha dejado de sorprender la combinación creativa de una lámpara de los años 50 con un sofá de estilo Bauhaus, ¡con una cama de hierro forjado! La moqueta, reina absoluta de los años 70, cede el paso a parqués y cerámicas presentadas en una generosísimo abanico de colores. 

Marazzi, en este sentido, ofrece soluciones muy válidas que prevén el empleo del gres: para los amantes de lo clásico y lo imperecedero, el gres Golden Cream de Evolutionmarble; para quienes se sientan más a gusto en ámbitos cálidos y envolventes, el gres de efecto madera de Treverkway en su variante cromática Rovere (roble); para los que tengan un alma más urbana, Brooklyn Mocha, los azulejos cerámicos inspirados en el cemento metropolitano. 

Lugar de relax, descanso y mimos, la zona de noche nos impone elegir concienzudamente la decoración para configurar un espacio que nos resulte lo más agradable posible. La tendencia de este período en materia decorativa es el “reciclaje”; obligados como estamos a seleccionar con gran mesura la decoración de nuestro hogar, yo optaría por recuperar viejas camas de hierro forjado o dotadas de cabezales acolchados revestidos con tejidos nuevos y viejos armarios, ¿por qué no?, repintados y tratados con esmaltes que realcen sus formas y al mismo tiempo les den un aire más actual. Si se desea introducir nuevos objetos, recomiendo apostar por elementos pequeños, como lámparas y figuras ornamentales que tengan una función concreta; nos facilita la tarea, por suerte, el diseño, a menudo creado por jóvenes noveles capaces de concebir objetos llenos de carácter y estilo, y a la vez económicamente “sostenibles”. 

No más objetos “low cost” inútiles y de escasa calidad, de tienda de souvenirs. Es mejor insertar pocos objetos —como los que pueden hallarse en un mercadillo, por ejemplo, pero pensados ex profeso para secundar nuestras exigencias—, tratando de dejar espacios vacíos. ¡Prohibido abarrotar los anaqueles! No olvidemos la importancia del color de las paredes: muy recomendables, siempre, los tonos naturales, que se verán más o menos intensos según la luz natural; el blanco brinda una solución nada complicada, pero también se puede arriesgar con colores ladrillo, más cálidos y acogedores; y no dejemos de lado la posibilidad de utilizar papel pintado para la pared del cabezal de la cama. 

Por último en el orden expositivo, pero no de importancia, téngase en cuenta el empleo de la iluminación: el dormitorio no requiere mucha luz. Sin embargo, existen determinadas situaciones, como la limpieza y el reordenamiento de los armarios, que exigen niveles de iluminación más potentes, que se pueden conseguir aplicando un punto de luz al techo o colocando una lámpara halógena en el suelo. Las lámparas de pantalla a los lados de la cama son indispensables; van bien, asimismo, los apliques de leds orientables. Intentemos, en cualquier caso, servirnos de luces de tonalidades cálidas: ¡huyamos de las atmósferas frías, tratemos de transmitir calor!