“Nelle case”, cincuenta años de interiores milaneses

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El volumen, publicado por Hoepli y escrito por los arquitectos Simona Pierini y Enrico Morteo, se ha presentado en la sala de exposición de Marazzi en Milán.

El libro es el resultado de una exhaustiva labor de investigación sobre cincuenta años de viviendas milanesas, de 1928 a 1978; doscientos veinte interiores, muchos de los cuales son auténticas revelaciones incluso para los expertos del sector. Le hemos pedido a Enrico Morteo —crítico e historiador del diseño y la arquitectura— que nos hable acerca de la actualidad de esta investigación y de lo que queda hoy de las antiguas enseñanzas y las investigaciones de esos años.

¿Qué concepto de vivienda permea las casas de las décadas que habéis incluido en el libro?
¿Qué encontramos de todo ello en la época contemporánea?

Siempre resulta difícil encontrar parecidos, identidades, pero sí hay un hilo narrativo. En Milán nace la idea moderna de la vivienda: en aquellos años se produjo la transición entre los espacios y los objetos. El diseño milanés, que no consiste solo en lámparas y sillas, sino también en grandes armarios y sistemas modulares, era el hilo conductor que unía los diferentes espacios (la cocina, el salón, los locales de servicio, etc.) donde cada cuarto tenía una función, y los transformaba en espacios más fluidos en los que precisamente los muebles eran los encargados de atribuir las funciones a los ambientes. También eran años en los que se experimentaba mucho para identificar nuevas formas de habitar. La manera contemporánea de vivir evolucionó entonces en esas casas, en la búsqueda de la modernidad, en su idea de funcionalidad.

Pensando en Gio Ponti, citado en el libro, leemos que “la arquitectura exterior penetra en el interior… acoge menaje y obras de arte”, donde el confort de habitar reside en “dar, con la arquitectura, una medida para nuestro propio pensamiento”. ¿Qué significa?

Son diferentes planos que se cruzan. Ponti llevó el lenguaje de la arquitectura también al interior y difundió la idea de que en la casa entra todo lo interesante y lo bonito: el arte, la cultura, la vegetación, la luz. Contradiciendo el eslogan racionalista europeo de la “machine à habiter”, la casa se ve como el caparazón de nuestra alma, el lugar de nuestro espíritu. No se explora solamente la dimensión tecnológica, sino también la humanística. Este tema sigue estando muy presente en nuestra cultura habitacional.

Entonces, ¿el diseño de interiores todavía es capaz de mantenerlo “todo unido”? ¿Podemos seguir hablando de estilos que se oponen, de “-ismos”?

Podemos decir que ha cambiado el mundo y, con él, los espacios que habitamos. Las casas han acogido la idea “doméstica” de la máquina, la tecnología es de bolsillo, “mundana”, omnipresente. Nuestros espacios incorporan la tecnología sin ningún esfuerzo compositivo, al contrario de lo que ocurría hace años.   Durante mucho tiempo, el mundo del diseño de proyectos se basaba en contraposiciones: ornamentalismo contra purismo, funcionalismo contra romanticismo, estilo orgánico o geométrico. Actualmente, los “-ismos” conviven, asistimos a una suerte de “todismo”: estamos autorizados a seguir cualquier “-ismo”, incluso simultáneamente. 

¿Qué queda de esos años en las tendencias actuales?

Hoy lo que se afirma es la fluidez cada vez mayor de los espacios. Quedan pocas habitaciones cerradas, funcionales o reservadas. El resto de la casa es un continuum que también ha modificado profundamente el uso de los materiales. Atrás queda la idea de que en algunos espacios se deben usar acabados nobles (pensemos, por ejemplo, en el mármol de los recibidores) mientras que en otros hay que usar materiales de menor calidad. Hoy en día, en todos los ambientes trabajamos con los mismos materiales en términos de calidad estética y prestaciones técnicas. El gres porcelánico es un excelente ejemplo de este cambio sustancial en el diseño de proyectos. La cerámica de los años que abarca la publicación se situaba en los extremos del abanico: o era artística y preciosa, o bien era utilitaria y se empleaba en los espacios funcionales. En la actualidad, su presencia es predominante. Se ha superado la idea de que los lenguajes decorativos están vinculados solo a determinados materiales, por lo que el ornamentalismo engloba todos los materiales y todos los espacios.

¿En las casas presentes en el volumen, hay temas que ahora pertenecen al ámbito de la sostenibilidad?

No existía esa sensibilidad, porque se desconocía el problema y su envergadura. El mundo era “grande”, “infinito” y, por tanto, se consideraba inmune al impacto de nuestras acciones. Ahora, en cambio, somos conscientes de que todos nuestros actos repercuten en el medio ambiente y que todos, en todos los niveles, necesitamos adecuar nuestro comportamiento debidamente. En aquella época, hablar de ecología —recuerdo a Ponti, pero también a Muzio— significaba tener un jardín bonito, dedicarse a la jardinería. Sabemos que han cambiado muchas cosas y que todavía queda mucho por cambiar, por lo que respecta al impacto en el diseño de proyectos y la construcción.