La exposición, que permanecerá abierta hasta mayo de 2025, ofrece un precioso repaso dedicado a los primeros cincuenta años del sector cerámico italiano, de 1889 a 1939, dando cuenta de un espíritu empresarial valiente y visionario que se adelantó a la eclosión económica de la posguerra. La exposición está instalada en el Museo de la Cerámica de Fiorano Modenese, en el Castillo de Spezzano, y la entrada es gratuita.
Las más de cien referencias expuestas ilustran la historia que va desde 1889, considerado el inicio ideal de la producción industrial de los azulejos de Sassuolo, hasta el período que precede al estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Esta iniciativa, nacida gracias a la valiosa contribución de Marazzi Group en pro de la investigación científica y al apoyo de Ceramiche Marca Corona para la publicación del cuaderno de la exposición, es el resultado de la colaboración entre el Ayuntamiento de Fiorano Modenese, el Museo de la Cerámica, Confindustria Ceramica, Acimac y Società Ceramica Italiana.
El comisariado científico ha contado con la colaboración en sinergia de algunos de los mayores expertos del sector —Margherita Fraccon, Francesco Genitoni, Rolando Giovannini, Guglielmo Leoni, Matteo Ruini, Vincenzo Vandelli—, con la coordinación de Stefania Spaggiari, directora del Museo de la Cerámica.
Una exposición que merece la pena visitar, no solo por la singularidad de las piezas expuestas, sino también para descubrir que el auge económico ya se advertía en los años treinta en el polo cerámico.
Las manufacturas cerámicas activas en el territorio —Ceramiche Ing. Rizzi&figli y Ninzoli Marconi Lusenti, Ceramica Marca Corona, Ceramica Veggia, Ceramica SAIME, Ceramica SACES y Ceramica Marazzi— impulsaron un profundo cambio en el tejido social de la provincia de Módena, que vivió un paso rápido y estratégico de una vocación agrícola a otra industrial, en gran parte gracias al coraje y a la amplitud de miras de muchos empresarios.
“Este fue el caso de Filippo Marazzi padre“, explica Francesco Genitoni, estudioso e historiador del sector de la cerámica, autor de numerosos ensayos, “quien, tras dejar el oficio de tendero, que ejerció durante varias décadas en Piazza Garibaldi, en Sassuolo, a los sesenta años entra en el sector. En 1935 y 1936 empieza la producción de azulejos, después haberse dotado de los más modernos equipos en lo que respecta a hornos de cocción y demás”. Y prosigue: “La atención a la mejora de las instalaciones y de todo lo relacionado con la línea de fabricación era común a la mayoría de empresarios, a sus técnicos e incluso a los propios obreros. Ya no existían las ventajas proteccionistas y fiscales que el duque de Módena concediera a las mayólicas de Sassuolo en 1741, por lo que la competencia ahora se desarrollaba en todo el ámbito nacional e incluso más allá de las fronteras. Algunas empresas trasladaron su domicilio social a Milán, que ya era la capital de la economía y las finanzas italianas, para estar cerca de la Bolsa y de los inversores.”
Stefania Spaggiari, directora del Museo de la Cerámica de Fiorano Modenese lo corrobora: “Este traslado propició el establecimiento de una sólida relación con el capital y una especie de mestizaje con diversos movimientos culturales y artísticos, no solo italianos sino de allende los Alpes, que fueron también precursores de las modas que después encontraremos en la posguerra y presagio de experimentos generados a partir de la colaboración entre las empresas cerámicas y numerosos artistas y estilistas. Comienza a trazarse una trayectoria de profundo cambio en los gustos, dejando atrás el decorativismo de finales del siglo XIX para abrirse a ese saber hacer típicamente italiano de la artesanía y del arte, capaces de infundir calidad y belleza incluso a las series industriales.”
“Las viviendas históricas que vieron la presencia de los primeros ejemplos del uso de la cerámica en amplias superficies confirman la tendencia hacia el decorativismo de aquellos años”, recuerda Stefania Spaggiari, “Y, sin embargo, nos hacen comprender que la colocación de este material de revestimiento casi nunca ha tenido un papel puramente funcional sino que siempre ha ido acompañada de una búsqueda estética que en la exposición revela colecciones nuevas y sorprendentes.”
La exposición, en efecto, desvela por vez primera, la Colección Medici, un tesoro compuesto por más de siete mil piezas que trazan la evolución de la producción cerámica en la tierras de Módena y Reggio Emilia, que los herederos de Antonio Medici, un apasionado coleccionista fallecido en 2021, le donaron al Ayuntamiento de Fiorano Modenese. “Una colección”, nos comenta Francesco Genitoni, “que seguiremos estudiando y que nos confirma que las materias primas, los procesos productivos innovadores y el diseño siempre han sido los tres pilares de la investigación en el campo cerámico. Son muchos los formatos y decoraciones que nos hablan de un fermento único en las ideas y la experimentación. Citando a Marazzi, no podemos dejar de mencionar la serie de azulejos con siluetas coloreadas y marcas en las varias piezas con el logotipo de la empresa, así como las plantillas para pintar a mano señales viales, placas y señales de tráfico.”
Los cincuenta años descritos en la exposición representan una fase fundamental en la historia del polo cerámico y de la industria italiana en su conjunto, anticipando todos los temas que volveremos a encontrarnos en la posguerra. Un homenaje al espíritu vanguardista y emprendedor del territorio.
Para visitas y reservas escribir a castellospezzano@gmail.com