Los tres elementos sobre los que se basa el proyecto de la fachada de via Fatebenefratelli son la personalización y la renovación de la entrada y el zócalo, la nueva presencia escénica de las ventanas y los balcones y la reinterpretación de los materiales, la decoración y los colores.
La entrada se distingue por el ensanchamiento del portón existente enfatizado por una marquesina voladiza de vidrio. Esta nueva solución permite captar de inmediato la profundidad del edificio y la percepción de un acogedor vestíbulo.
La blancura y la nueva espacialidad del vestíbulo se lograron también gracias a la colocación del gres de altas prestaciones SistemN Bianco de Marazzi, superficie que también definió las áreas de desembarco de los ascensores,
Desde el punto de vista de la valorización del inmueble, la intervención más significativa ha sido sin duda la de restyling de la cubierta y su renovado uso mediante un cuerpo acristalado y una terraza que permiten una envidiable vista de la ciudad. Los suelos elevados del rooftop se han revestido con el gres efecto cemento Plaster20 Grey, también de Marazzi, que con sus 20 mm de espesor permite incluso una instalación en seco en exteriores además de ofrecer resistencia a la abrasión y características de resistencia a las heladas y antideslizante, ideales para espacios de alta concurrencia.
El relato del trabajo de renovación del inmueble de Fatebenefratelli22 en Milán ha sido la ocasión para profundizar en algunos temas estratégicos del diseño sostenible con Carmen Spagnoli, ingeniera y Directora de Sostenibilidad de la empresa de diseño Lombardini22.
Del ahorro energético al bienestar de las personas, ¿cómo ha cambiado el paradigma de la sostenibilidad en el proyecto?
La experiencia de la pandemia ha representado un punto de inflexión, sacando a la luz nuevas prioridades relacionadas con la habitabilidad de los espacios y empujando hacia una idea de espacio más atenta al bienestar y a la prevención. En este contexto, la certificación WELL ha adquirido un papel cada vez más central, precisamente porque aborda de forma estructurada temas como la calidad del aire, de la luz, del agua, la acústica y el confort psicológico, contribuyendo a definir nuevos estándares para los espacios en los que vivimos y trabajamos.
Construcción y contexto urbano, ¿sobre qué temas trabajáis para definir el carácter del edificio?
Para definir el carácter de un edificio trabajamos en diferentes niveles proyectuales, estrechamente conectados entre sí. Un aspecto central se refiere a la relación con el contexto urbano, en particular cuando se interviene en un tejido histórico consolidado. En estos casos es fundamental establecer un diálogo equilibrado con las preexistencias, respetando la escala, las proporciones, los materiales y la identidad arquitectónica del lugar. El objetivo no es imitar lo existente, sino construir una armonía capaz de valorizar tanto lo nuevo como las preexistencias.
Paralelamente, utilizamos herramientas de análisis paramétrico para profundizar en las condiciones ambientales específicas del sitio. Evaluamos la radiación solar, la sombra natural, la ventilación y el microclima urbano, para orientar correctamente el edificio, optimizar la forma y diseñar estrategias pasivas que mejoren el confort térmico y visual de los espacios.
También la elección de los materiales está guiada por criterios ambientales y prestacionales, privilegiando soluciones duraderas, reciclables y de bajo impacto, pero siempre en relación con las características del contexto. Las estrategias de instalaciones, finalmente, se integran desde las fases iniciales para garantizar eficiencia, reducir consumos y maximizar el uso de fuentes renovables.
Juntos, estos elementos contribuyen a definir una arquitectura capaz de integrarse en el contexto urbano con medida y coherencia, combinando sostenibilidad ambiental y calidad del espacio construido.
La cerámica, material que permite una elevada recuperación de la materia prima garantizando prestaciones de higiene y durabilidad: ¿cómo elegís las superficies y qué os fascina de este material?
La cerámica es un material que combina eficazmente características funcionales –como resistencia, higiene y durabilidad– con una gran versatilidad expresiva, capaz de adaptarse a diferentes lenguajes arquitectónicos, desde el contemporáneo hasta el diálogo con contextos históricos.
Un aspecto que hace la cerámica particularmente interesante hoy es también su impacto ambiental, evaluable mediante el análisis del ciclo de vida. En las fases iniciales del análisis LCA –A1, A2 y A3– presenta varios puntos fuertes: utiliza materias primas naturales, con una cuota de material reciclado pre-consumo, tiene una cadena productiva consolidada que permite optimizar los transportes, y en los últimos años ha visto importantes mejoras en los procesos industriales, sobre todo en términos de eficiencia energética, reducción de residuos y recuperación de calor del proceso de producción.
Estos elementos contribuyen a contener el impacto ambiental ya en las primeras fases del ciclo de vida, haciendo de la cerámica una elección coherente con un enfoque de diseño orientado a la sostenibilidad, sin renunciar a la calidad estética y funcional del material.
Cerámica en interiores y en la definición de los envolventes, ¿cómo trabajáis en estos dos contextos de proyecto? ¿Cuáles son los criterios con los que elegís los materiales?
El uso de la cerámica, tanto en interiores como en los envolventes exteriores, forma parte para nosotros de una evaluación que concierne a todo el edificio, en la que el ciclo de vida del material es una referencia constante. Nos interesa trabajar con materiales que combinen durabilidad, bajas necesidades de mantenimiento y una buena trazabilidad de los procesos productivos. La cerámica responde a estos criterios y, en ambos contextos de aplicación, representa una opción sólida también en términos de coherencia con los objetivos de sostenibilidad gracias también a su contribución fundamental en la obtención de puntuaciones LEED, WELL y BREEAM.
Para los interiores, consideramos aspectos como la salubridad, la resistencia al desgaste y la estabilidad en el tiempo, que se traducen en un menor impacto relacionado con la sustitución y el mantenimiento.
En los exteriores, en cambio, entra en juego también el comportamiento del material en relación con el microclima urbano. En particular, privilegiamos superficies con colores claros y altos valores de SRI (Índice de Reflectancia Solar), capaces de reducir la absorción de calor y contribuir a la mitigación del efecto isla de calor.
La cerámica nos permite así combinar prestaciones técnicas y ambientales, adaptándose a diferentes ámbitos de uso sin perder coherencia respecto a los objetivos del proyecto.
La sostenibilidad está cada vez más ligada al ciclo de vida de los materiales, también “core” de la directiva Ecodesign: ¿cómo trabajáis sobre este aspecto?
La sostenibilidad ligada al ciclo de vida de los materiales es hoy un criterio central también a nivel normativo, como demuestra la nueva Directiva Ecodesign. En este contexto, la cerámica se muestra coherente con muchos de los requisitos exigidos: es un material duradero, estable, con contenido reciclado y con procesos productivos cada vez más optimizados desde el punto de vista energético y ambiental.
Además, su comportamiento en fase de uso –inerte, seguro y con necesidad mínima de mantenimiento– refuerza la coherencia con un enfoque orientado a la calidad y la circularidad, en línea con lo previsto por la normativa europea. Estos son criterios que tenemos en cuenta ya en las fases de selección de los materiales, para garantizar elecciones conscientes y a largo plazo.